La precariedad como base de la recuperación

Radiografía del mercado de trabajo

En el verano de 2015 se cumplieron ocho años desde que la crisis económica, que comenzó en Estados Unidos, se extendió por Europa. Desde entonces, los países desarrollados han pasado por fases recesivas, etapas de recuperación y, en algunos casos, por un estancamiento de la actividad económica. Las consecuencias en nuestro país son devastadoras: la destrucción de empleo y el aumento del paro han ido acompañados de peores condiciones de trabajo para aquéllos que no han perdido el empleo o han sido contratados durante la incipiente y lenta recuperación. Además, la reforma laboral y las medidas del Gobierno terminaron de fracturar el ya maltrecho mercado laboral aumentando la temporalidad, la parcialidad y el autoempleo involuntarios y empeorando los salarios y las condiciones laborales. En resumen: Nos han dado el cambiazo y han instaurado la precariedad como pilar de la “recuperación” del mercado de trabajo.

2012, el año de la fractura del mercado laboral

La recesión económica se manifestó con especial virulencia en el mercado de trabajo español. En el tercer trimestre de 2008 comenzó una profunda destrucción de empleo que elevó, y mantiene, la tasa de paro en niveles altísimos: más del 26% en 2013 y un 21,2% en el tercer trimestre de 2015.

La tasa de actividad se mantiene, por el momento, inferior al 60% logrado en años anteriores y, a lo largo de 2014 y 2015, se incrementó la ocupación, dando lugar a un leve ascenso en la tasa de empleo.

Por otro lado, se reducen ligeramente el número de parados y la tasa de paro, debido en parte al descenso de la población activa y al efecto desánimo de la misma. Unas ligeras mejoras que deben tratarse con mucha cautela porque hay que tener en cuenta la fuerte incidencia de la estacionalidad en España y considerar, no sólo la cantidad de empleo creado y no destruido, sino la calidad de estos nuevos empleos y de los ya existentes.

Dadas las características del empleo creado, no parece que se esté generando una transformación del modelo productivo ni un cambio de tendencia que pueda lograr crecimientos sostenibles visibles a medio plazo, que permitan rebajar la tasa de paro, al menos, por debajo del 20% en 2016.

Desempleo:

No es posible afirmar que un país donde hay cerca de cinco millones de parados haya salido de la crisis

A pesar de la mejora de resultados en términos de actividad económica, no es posible afirmar que un país donde, según la EPA, hay cerca de cinco millones de parados, que elevan la tasa de desempleo hasta el 21,2% de la población activa, haya salido de la crisis.

El desempleo ha seguido una tendencia de ascenso entre hombres y mujeres a lo largo de la recesión, aunque desde 2014, se frena en ambos sexos. En el inicio de la recuperación, la tasa de paro masculina se está reduciendo en mayor proporción que la femenina –situándose entre los hombres en el 19,9% y el 22,69% entre las mujeres en el tercer trimestre de 2015 – mostrando así una vuelta a esa brecha estructural donde persiste la preferencia del mercado laboral español hacia la contratación masculina.

Además, siguen siendo preocupantes las cifras de paro entre los grupos de jóvenes y mayores de 55 años. Entre los jóvenes cabe resaltar el escaso alcance que el Plan de Garantía Juvenil está teniendo hasta la fecha, y entre los mayores de 55 -colectivo muy ligado al paro de larga duración, con un elevado riesgo de caer en el efecto desánimo debido a las dificultades que presentan a la hora de reincorporarse al empleo y la insuficiencia de políticas destinadas a su empleabilidad- que la tasa de desempleo se ha multiplicado por tres desde 2008.

Paro de larga duración:

El 60,7% de las personas desempleadas lleva más de un año buscando empleo y el 44,5% más de dos años

El paro de larga duración se ha ido extendiendo con el avance de la crisis. En 2008 poco más del 20% de las personas en desempleo llevaba más de un año buscando empleo, un porcentaje se ha ido elevando hasta alcanzar el 60,7% en el tercer trimestre de 2015 y siendo cada vez mayor la incidencia de las personas que llevan buscando empleo más de dos años (cerca del 44,5% de los desempleados).

En este caso, cabe destacar la insuficiencia del Programa de Activación para el Empleo que hasta finales de agosto, sólo había atendido a 67.100 personas, una sexta parte del total de los más de 400.000 potenciales beneficiarios que había estimado el Gobierno para los 15 meses de duración del plan.

Cobertura por desempleo:

La cobertura por desempleo ha pasado del 73,6% en 2008 a estar por debajo del 60%

Al elevado número de desempleados y el paro de larga duración hay que sumarle el fenómeno de la precariedad en el desempleo, ya que las cifras muestran que la cobertura por desempleo es cada vez menor debido, fundamentalmente, al endurecimiento de las condiciones de acceso.

En 2008, el 73,6% de los desempleados registrados tenía una prestación por desempleo. En 2015, la cobertura está por debajo del 60%, una diferencia de casi 15 puntos desde el inicio de la crisis.

Actividad:

Parte de la mejora mostrada por las tasas de paro se debe al descenso de la población activa desde finales de 2013

Parte de la mejora mostrada por las tasas de paro se debe al descenso de la población activa desde finales de 2013, el efecto desánimo, tras años de crisis, y la consolidación de un nuevo proceso de emigración, de manera que la tasa de actividad total se ha mantenido constante durante 2014 y 2015, por debajo del 60%.

El comportamiento frente a la decisión de querer participar o no en el mercado laboral ha sido diferenciado entre sexos a lo largo de la crisis ya que, en el caso de los hombres, se ha apreciado una tendencia descendente desde 2008 por el efecto desánimo mientras que, en el de las mujeres, han pasado de incorporarse al mercado de trabajo por efecto del trabajador adicional hasta 2012, a un estancamiento de su participación, llegando al efecto desánimo.

La pérdida de actividad entre los jóvenes está relacionada, en general, con el efecto desánimo y la vuelta o continuación a los estudios, pero a esto hay que añadir la continua emigración en busca de oportunidades de empleo y formación en otros países.

Ocupación:

El crecimiento del empleo está ligado a la estacionalidad y a unas condiciones más precarias

Los años 2014 y 2015 reflejan una mejora generalizada de las cifras de empleo y, en términos intertrimestrales, las cifras del tercer trimestre de 2015 son positivas sólo para el sector servicios (donde crece un 1,55% trimestral la ocupación, con 210.200 empleados más) y la industria (aumenta un 0,52%, con 13.100 ocupados más). Por el contrario, su naturaleza estacional provoca un descenso del empleo en la agricultura (de 30.900 ocupados, un – 4,17%) y la construcción (-10.300 ocupados, un -0,94%).

En términos interanuales también sobresale el avance del sector terciario en valores absolutos (con 349.400 personas empleadas más, un 2,61%), mientras en términos relativos son los sectores de agricultura y construcción los que se distancian con un crecimiento del empleo del 6,51% y del 5,88% respectivamente. La industria muestra una velocidad anual de generación del empleo del 3,78%.

Estas mejores cifras en el tercer trimestre se originan en el sector privado (152.100 empleos más, un 1,02%), y en el público (30.100, también del 1,02%). En el año crece la ocupación en ambos casos, aunque con mayor intensidad en el sector privado que en el público (3,32% frente a 2,08%).

Unas cifras que hay que considerar con extrema precaución, pues el crecimiento del empleo está ligado a la estacionalidad y, el empleo que se está generando lo hace bajo unas condiciones más precarias.

Temporalidad:

El empleo temporal está por encima del 26%, una tasa que casi duplica las medias europeas

A pesar de la acusada pérdida de empleo temporal al comienzo de la crisis, la temporalidad logra permanecer en el mercado de trabajo y sigue constituyendo uno de sus elementos estructurales. Actualmente asciende hasta valores máximos afectando al 26,15% de los asalariados y muy ligada a los trimestres en los que se genera empleo estacional.

La tasa española ha sido y sigue siendo la más alta del entorno (UE15), con excepción de Polonia (UE28), mostrando una diferencia que casi duplica las medias europeas.

Empleo a tiempo parcial:

Hay más de 1,7 millones de ocupados a tiempo parcial, el 62,4%, de forma involuntaria.

En la última parte de la crisis a la tradicional temporalidad se ha unido la contratación a tiempo parcial (que ha aumentado un 4,8% este año), sobre todo de carácter involuntario (crece un 3,5%).

Más de 1,7 millones de ocupados a tiempo parcial, el 62,4%, trabajan en estas condiciones de forma involuntaria. A ello se añade un trabajo indefinido precario, que poco a poco va desplazando a la tradicional contratación temporal, y que muestra unos rasgos muy similares: inestabilidad, bajos salarios y flexibilidad a favor de la empresa.

Se trata de una modalidad que sigue su ascenso y se consolida como un elemento estructural que permite obtener mejores ritmos de creación de empleo.

Empleo por cuenta propia:

El empleo por cuenta propia, una nueva forma de subempleo también involuntario

Ya sea por insuficiencia de horas como por una excesiva cualificación para los puestos de trabajo desarrollados o por la existencia de “falsos trabajadores autónomos”, el autoempleo se revela como una nueva forma de subempleo también involuntario.

El peso de este grupo en el total de ocupados por cuenta propia ha pasado de cerca de un 60% en 2008 y un 62% en 2011 a un 67,3% en el tercer trimestre de 2015. Cifras muy elevadas si las comparamos con el resto de países europeos.

Al comparar los datos con el entorno, resaltan los países con más dificultades económicas y los anglosajones, mientras que en los países nórdicos o Alemania y Francia, la proporción es muy inferior.

Evolución de los salarios

Desde 2009, los hogares han perdido un 13% de su renta, mientras la renta por persona ha descendido un 8%

El elevado nivel de desempleo y la precariedad en el empleo están provocando, por un lado, una reducción de la renta y de la capacidad adquisitiva y, por otro, importantes desequilibrios en la distribución de la riqueza. Como consecuencia, se observa un aumento de las desigualdades económicas y sociales, una extensión de las condiciones de pobreza y un deterioro de la calidad de vida en el país.

Según datos de la Oficina Europea de Estadística, España se encuentra por debajo de la media de renta por habitante de todo el conjunto de la UE de los 28 países.

Como media, los hogares españoles obtuvieron una renta de 26.154 euros en 2013, mientras los individuos alcanzaron una renta de 10.391 euros.

En ambos casos la renta ha caído respecto a años previos, siguiendo la tendencia de descenso de esta variable durante la etapa de recesión. Desde 2009, los hogares han perdido un 13% de su renta, mientras la renta por persona ha descendido un 8%.

Asimismo se ha producido un aumento de la población en riesgo de pobreza o exclusión social que alcanza el 29,2%, un porcentaje notablemente más elevado que en el conjunto de la Europa de los 28.

 

Versión PDF