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La apuesta por fortalecer el movimiento sindical en Europa

13 Congreso de la CES

"La Confederación Europea de Sindicatos (CES) lucha por una Europa mejor, basada en la solidaridad y la igualdad, la justicia social y la cohesión, la paz y la democracia. Por esta razón, la CES lucha por el crecimiento sostenible, el pleno empleo, empleos de calidad, salarios justos, buenos servicios públicos, la educación y la formación, fiscalidad justa, el buen gobierno, la movilidad voluntaria y justa, la igualdad de género y el respeto a los derechos fundamentales. Exige un modelo económico diferente en Europa y el mundo, y un proceso de desarrollo que respete a las personas y al entorno".

Este párrafo encabeza el manifiesto de París, aprobado en el 13 Congreso que la CES, organización que aglutina al movimiento sindical en Europa -90 organizaciones de 39 países europeos- celebró del 29 de septiembre al 2 de octubre en la ciudad que da nombre al manifiesto.

Toda una declaración de principios que marca el inicio de una nueva etapa para esta organización, con una nueva dirección, encabezada por Rudy de Leeuwe, como presidente, y Luca Visentini, como Secretario General, además de una nueva composición de todos sus órganos, incluido el comité de Dirección, del que forma parte el Secretario General de UGT, Cándido Méndez, que sido reelegido también vicepresidente del Confederación.

Cándido Méndez, reelegido vicepresidente de la Confederación Europea de Sindicatos (CES).

El Congreso, que se desarrolló con el lema "Una sociedad justa, empleos de calidad y trabajadores con derechos" aprobó lo que serán las líneas de actuación del movimiento sindical europeo para los próximos cuatro años, contenidas en el programa de acción 2016-2019.

Empleos de calidad y garantías sobre los derechos sociales y la protección social para los trabajadores en Europa.

Visentini destacó como prioridades cambiar la política económica para luchar contra el desempleo, rechazar las políticas de ajuste, y exigir empleos de calidad y garantías sobre los derechos sociales y la protección social para los trabajadores en Europa. Además de luchar por más Europa social y profundizar en la cohesión europea. Para estas prioridades, tal y como se puso de manifiesto en el Congreso, es de vital importancia fortalecer la Confederación Europea de Sindicatos. El Secretario General de UGT, Cándido Méndez, en el debate sobre el papel de la CES señaló que en "el movimiento sindical europeo debemos creernos lo que realmente somos. Si no nos creemos lo que realmente somos, vamos a tener enormes dificultades para transmitirlo a la clase trabajadora europea”.

Y en este sentido reivindicó que la Confederación se convierta en el polo europeo para la igualdad. “Es imprescindible luchar contra la pobreza, contra el odio racial, por la distribución, por un nuevo modelo de empresa y sabiendo que no debemos reducir nuestra intervención a la dimensión social, porque todo esta interrelacionado”. “Debemos tener posiciones claras en la dimensión social y en la unión fiscal, presupuestaria, política y financiera, porque todo está interrelacionado en Europa”.

El Congreso aprobó una moción de urgencia en defensa del derecho a huelga y la libertad sindical en España, a propuesta de la Federación Europea de industria (Industriall), UGT y CCOO, así como varias resoluciones, entre ellas, instó a la UE a impulsar una auténtica cooperación entre los Estados miembros para hacer frente a la crisis de los refugiados.



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¿Crisis de los refugiados o crisis de la Unión Europea?

Ana Mª Corral, responsable del Departamento de Migraciones de UGT

Se ha achacado a la Unión Europea falta de estrategia para afrontar la llegada de miles de personas que huyen de sus países por diversas razones. Ahora, tras casi un año desde que las instituciones europeas empezaran a decir algo al respecto, la estrategia resulta evidente: conseguir que la población europea considere que los migrantes, incluidos quienes buscan protección internacional, no son personas, sino una amenaza para el modo de vida y la cultura europea del que hay que defenderse.

Una estrategia hecha de palabras, las de los textos oficiales y las que han utilizado mandatarios europeos y españoles. En el primer semestre de 2015, la llegada de migrantes se denominaba “llegadas masivas”, “crisis migratoria” y “crisis en el Mediterráneo”. Ahora es la “crisis de los refugiados”, y las decisiones y propuestas de la Comisión Europea llevan como título “medidas a favor de Italia y Grecia”. Por tanto, quienes tienen un problema, son los refugiados y es “su problema” el que afecta negativamente a Italia y Grecia y por extensión al conjunto de la Unión.

La estrategia resulta evidente: conseguir que la población europea considere que los migrantes, incluidos quienes buscan protección internacional, no son personas, sino una amenaza.

Las palabras oficiales pronunciadas por autoridades públicas son, sin embargo, más reveladoras y nocivas. El Gobierno español se negó en un primer momento a aceptar la reubicación de solicitantes de asilo por el nivel de desempleo y aludió a la posibilidad de potenciales terroristas infiltrados, argumentos que también han utilizado otros estados miembros. Algunos gobiernos han señalado el peligro que suponen para la cultura y los valores europeos e incluso la reiterada referencia a que los solicitantes de asilo, procedentes de Siria, son personas cualificadas y/o con un nivel económico elevado es un “regalo” envenenado; cualificados y con dinero, Sí; trabajadores, personas no cualificadas y sin recursos materiales, No.

Unida a la estrategia de las palabras, la de la dilación en tomar decisiones, con dos objetivos. Uno, “acepto solicitantes, pero a cambio quiero otra cosa”. El otro, que llevamos tantos meses contemplando el éxodo hacia Europa, que las fotos de niños muertos, los cadáveres en el Mediterráneo, la desesperación y el conflicto o la pobreza de la que huyen estas personas, ya no conmueven. Empiezan a ser percibidos como molestos, el problema es suyo, no nuestro. Las autoridades europeas y los estados miembros encuentran así la justificación para eludir una responsabilidad que viene marcada por la normativa internacional, para mercadear, como han hecho desde el inicio, con refugiados y migrantes, y “externalizar” la acogida de refugiados en terceros países. Turquía recibirá dinero para retener a los migrantes en su territorio y quizás así tenga más oportunidades de formar parte de la UE; el “reparto” de solicitantes de asilo, vendrá acompañado de una dotación de 6.000 euros por persona reubicada, no para ella, obviamente, sino para el estado de reubicación (en el caso español, esto supondrá 115.314.000 euros. Y ahora se anuncia que puede quedar fuera del pacto de contención presupuestaria el dinero dedicado por los estados a atender esta “emergencia humanitaria”, otro mensaje con un objetivo escondido: que los líderes europeos, lo utilicen para tratar de envenenar más a la opinión pública con preguntas como “¿Por qué este dinero y no otros?”. La crisis no es de los refugiados; la crisis es, otra vez, de las obligaciones y de los valores de la Europa social que queríamos y la verdadera amenaza para la cultura y valores europeos, es que fracasemos estrepitosamente en hacer frente a una obligación internacional. Una crisis humanitaria, que es en realidad una crisis de humanidad, otra más a lo largo de los últimos años, de los dirigentes y de las políticas europeas.

La crisis no es de refugiados; la crisis es, otra vez, de las obligaciones y de los valores de la Europa social que queríamos.

España ha sido un alumno ejemplar siguiendo la estrategia. Según las propuestas, deberíamos acoger 19.219 solicitantes de asilo en dos años, lo que aumentaría en un 0´041% la población española. Si todos fueran activos y no lo son, porque incluyen grupos familiares con niños y personas de edad avanzada, representarían el 0´08% de la población activa española. La situación de desempleo no es, por tanto, un argumento sostenible.

En cuanto a posibles infiltrados, parte de quienes han llegado a la Unión Europea huyen del Daesh y del conflicto que éste ha generado; impidiéndoles la entrada, no se acaba con esta amenaza, cuyo origen y consecuencias tienen que ser abordados con seriedad, no con demagogia. El Gobierno español debería recordar nuestro pasado. Pero a lo mejor es que quienes hoy están en el gobierno, no saben lo que es depender, para vivir, de que otro país te proteja de la pobreza o de la persecución política.